«Lo que puede el sentimiento
— Violeta Parra
no lo ha podido el saber,
ni el mas claro proceder,
ni el más ancho pensamiento.
Todo lo cambia el momento,
cual mago condescendiente;
nos aleja dulcemente
de rencores y violencias.
Sólo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes.»
Esa mañana yo fui una neurona.
Una más entre tantas.
La mujer se movió y yo, medio dormida, desperté en su cerebro…
… esperándola.
Se había sentido medio mareada, y con náuseas, por lo que le fue imprescindible volver a la cama a pesar de que no hacía ni dos horas que se había levantado.
Recostarse provocó que los tobillos comenzaran a latirle y los oídos le zumbaron tanto que intentó incorporarse; pero, un vahído le anticipó un desmayo inminente y en un instante nomás, ya estaba toda mojada, bañada en su propia transpiración.
Jadeaba, a medida que perdía la conciencia; pero, al descubrirse jadeando, decidió concentrarse en forzarse a hacer un intento por hallar tranquilidad. Tomó aire y lo retuvo; luego, lo fue soltando: muy lentamente. Comenzó a respirar hondo, una y otra vez: por fin estaba logrando calmarse.
El miedo fue pasando… ¡al fin y al cabo estaba acostada en su cama en la seguridad de su hogar!… nada malo podía ocurrirle… a pesar de estar sola…
… en todo eso pensaba…
Su hijo, en la escuela. Su marido, en el trabajo. El perro, en su rinconcito, en la cocina. Y su desayuno, enfriándose sobre la mesada.
Un ruido ajeno y distante le retorció el estómago en una contracción intensa pero la sensación de hambre era inexistente: las náuseas y el malestar enquistado ocultaban cualquier otra percepción corporal apreciable. Sólo sus oídos zumbándole un mareo constante la anestesiaban a medida que su respiración se normalizaba, su cerebro se apagaba y podía, por fin, comenzar a dormitar.
Soñó que era una niña muy pequeñita que dormía arropada entre sábanas estampadas con miles de estrellas, dentro de una habitación lejana donde las paredes estaban invadidas por dibujos de animalitos entre los que destacaban una gran jirafota-mamá y otra pequeñita jirafita-bebé a su lado.
En su sueño, como en la realidad, era media mañana; y ella, bebé, medio dormida, escuchaba el sonido de su padre acercándose a la puerta de su cuarto para despertarla en el día de su tercer cumpleaños.
Él se había sentado al borde de su camita y con una mano le acariciaba la mollera mientras, susurrando su nombre, intentaba despertarla.
La niña, dentro del sueño de la mujer, abrió los ojos de su propio sueño y lo primero que vio fue el enorme regalo que su papi había dejado a su lado, sobre la cama. Pero no existía soborno ninguno que pudiera despabilarla de su letargo, ni aunque el obsequio hubiera sido el doble de grande. Y no importaba siquiera que fuera la víspera de su cumpleaños: como todos los días las caricias y los susurros de su padre se harían eternos hasta que éste por fin lograra despertarla.
—¡Tengo sueño! —Resopló mientras se giraba sobre su costado izquierdo, hacia la pared, poniéndose en posición fetal, con sus manitos acurrucadas en su vientre.
Y, mientras la niña del sueño se giraba sobre su costado izquierdo, hacia la pared; la mujer de la realidad lo hizo sobre el derecho, hacia la puerta.
Sus manos que, escondidas, habían estado ovilladas sobre su vientre comenzaron a abrirse lentamente proyectando sus palmas, por dentro de sus ropas, y haciendo contacto con su piel.
Ese movimiento, ese contacto leve entre las yemas heladas de sus dedos transpirados y la piel tibia de su estómago, ese rastrillar de sus huellas dactilares contra la suavidad de su abdomen, fue lo que me despertó.
Inmediatamente, aún adormilada, tuve noción de ser neurona. Inmediatamente me supe una más entre tantas. Inmediatamente supe de qué porción del cerebro, de qué persona, de qué año, de qué país y de qué realidad formaba parte. Sin embargo, así como estaba, medio dormida, miles de recuerdos extraños me traspasaban sin poder ordenarlos: la sensación de haber sido antes otra neurona, de haber estado despierta, y de haber sido funcional; los resabios de haber sido enzima; el vago recuerdo de cuando era glóbulo, ¿o sería un falso recuerdo de esos que uno no logra explicar?; mi vida como hormona; y también la vez que fui óvulo, hacía hoy tantos años atrás…
… ¿por qué todo era tan extraño a la vez que claro y habitual? ¿por qué había despertado ahora sin poder precisar cuántos milisegundos o décadas había durado mi propio sueño dentro del cerebro de una mujer que dormía soñando ser una niña dormida, que, en rigor de verdad, ni siquiera existía?
El susurro de la voz de su padre le recordó, ¡por fin!, que era su cumpleaños y se sentó de golpe en la cama completamente despierta.
Por detrás del gigantesco envoltorio apoyado sobre su cama, un colosal caballo inflable ocupaba todo el resto de su habitación. Recién entonces fue que vio el sombrero de grandes alas que él llevaba y el chaleco marrón con la estrella de plástico amarilla que tenía esas letras extrañas que aún no sabía leer: “Sheriff”.
—¿Sos el de la peli, pa? —Preguntó con una inmensa sonrisa que, en sus labios, lucía en combinación con el brillo de sus enormes ojos felicísimos que también sonreían.
Pero, fue entonces que esos ojitos descubrieron el hilo que asomaba por detrás del cuerpo de su padre, atrás del sombrero de grandes alas, hacia arriba y más y más hacia arriba. Ese hilito blanco de algodón que subía casi hasta el techo para terminar en un ¡ENORME! globo rojo de papel metalizado con forma de corazón. Su boquita se estiró en un gesto de asombro que, en sus labios, lucía en combinación con el brillo de sus enormes ojos abiertísimos que también decían: “¡oh!”.
Una lágrima de emoción rodó por la mejilla de la mujer dormida. Una sonrisa plácida se instaló, eterna, en su rostro y yo, completamente despierta ahora, me sentí sacudida por un dejavu ancestral y milenario que había sido grabado en el núcleo de mi existencia: esta paz, esta misma paz yo ya la había vivido hacía muchos años antes… pero ¿cuándo? ¡¿cuándo?!
Los dedos de la mujer, ahora cálidos, se habían entibiado con la ternura de la herencia creciendo en su vientre y ahí, exactamente ahí, en ese instante, entendimos, ella y yo, ¿cuándo y cuánto antes habíamos vivido esos zumbidos y ése transpirar opresivo que de pronto nos empapaba?
Yo estaba despierta; ella, dormía.
Yo supe
que ella supo en ese instante
que, por segunda vez, iba a ser mamá.
Yo supe
que ella supo en ese instante
que pariría otro varón.
Yo supe
que ella supo en ese instante
que en realidad ya sabía
(sin poder precisar desde cuánto tiempo antes)
el nombre de este niño.
…
Despertó en paz.
Sin recordar nada de lo soñado.
Sin recordar nada de lo vivido.
…
Ya en la cocina, vació la pava y puso agua nueva para el mate mientras recalentaba las tostadas que, náuseas mediante, no había podido comer.
Con el primer mordisco, la textura grasosa de la manteca mezclándosele con el dulce de leche dentro de la boca le provocó un vago recuerdo lejano… como una sensación apagada… como una emoción reciente… como una sorpresa olvidada…
… en ese instante una miga cayó de sus labios… sobre su vientre; y, cuando sus dedos fueron a agarrarla vio, definitivo, y siendo ya carne en sus entrañas, al padre de esa niña que, desde un continente lejano, le sonreía a su abuela, esperándola.
«El amor es torbellino
— Violeta Parra
de pureza original,
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino,
detiene a los peregrinos,
libera a los prisioneros.
El amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño,
y al malo sólo el cariño
lo vuelve puro y sincero.»
A mi madre, que nos dio la vida.
A su hijo, que la hizo abuela.
A su nieta, que la colma hoy de emociones nuevas.
Y a su madre, que engendró en ella la historia nuestra.
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ESPERÁNDOLA
Barcelona, ☽ 18/05/2020
Autor: Pablo Gato Toledo
Texto inspirado en Adriana Antonia Finocchiaro y en Ona Fuertes Santoro.
Agradecimientos a: Emilio Tomás Arreche por sumarse al Equipo Editorial.
Créditos de la Imagen
Autor: @tomdaspraias
Año: 2020
Título: ESPERÁNDOLA
Instagram: https://www.instagram.com/tomdaspraias/
Letra y Música
Se sugiere maridar ESPERÁNDOLA con Volver a los 17 de Violeta Parra,
Violeta Parra, (1962). Volver a los 17, Las últimas composiciones. RCA Víctor. [1966]
A continuación les comparto dos versiones:
Versión original: https://www.youtube.com/watch?v=8nuVyPlM66I
Versión de Camila Gallardo: https://www.youtube.com/watch?v=Qjv-UE2jhS0
¡Gracias por leer!
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Muy bueno!!!!!!!!!! me encantó. Espero los próximos escritos
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Gracias miles Marce.
Ya estoy trabajando en la próxima publicación.
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Haaarmooosooo Pabli!!!
Besoooosssd
Felicitaciones!!
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gràcies Pablo
Sempre tan creatiu.Una abraçada
JM
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Gràcies a tu, Josep Maria, per ajudar-me a expressar-me parlant la teva llengua.
Una abraçada!
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Por fin pude leerlo!!!Me encantó realmente:::Es un hermoso texto Pablito,me encantó cómo enganchaste presente y recuerdo,muy pero muy lindo!!
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¡Gracias Majito! ¡Me alegra mucho que te haya gustado!
Abrazo gigante.
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