HERMANAS

El viernes 7 de mayo del 2021, a los 94 años, falleció, en la ciudad de La Plata, mi tía abuela materna: la hermana de la mamá de mi mamá.
Ella y yo tuvimos una relación muy cariñosa. Ni frecuente, ni esencial; pero sí de profundo afecto mutuo. Jamás construimos complicidad ninguna, jamás hablamos de cosas trascendentales ni viscerales: ¡sólo nos abrazábamos largamente y nos besábamos mucho cada vez que nos veíamos!
La verdad es que, a pesar de querernos tanto, nunca intentamos trascender el amor de la niñez: ¡de chico ella me regalaba globos y caramelos!, ¡siempre!; y, de grande: cada vez que nos abrazábamos ambos recordábamos los globos y los caramelos que me había regalado. Así de simple (pero así de genuina) era nuestra relación.
Nunca nos contamos nuestros problemas de adultos, nunca hablamos sobre nuestros propósitos en la vida, nunca compartimos una charla reveladora donde ella me narrara la historia de sus últimos años en Italia o de sus primeros días en Argentina: sólo nos abrazábamos y nos besábamos mucho cada vez que nos veíamos. Ése era nuestro vínculo. Simple. Básico. Elemental. ¡Pero plagado de cariño!

Hace apenas unos pocos años mi abuela estuvo hospitalizada y a punto de irse derechito a tocar el arpa; pero, ¡por suerte!, Dios no la quiso cobijar aún en su santa gloria y, al regresar a su casa, sus nietos nos fuimos turnando unos días para cuidarla. Esa mañana yo estaba a cargo de la nonna María cuando del remís que llegó hasta la puerta bajó la tía Josefina para reencontrarse con su hermana.
Se abrazaron la una a la otra tal y como yo me suelo abrazar con mis hermanos: con fuerza, con todo el vigor de la emoción y también el de sus cuerpos. A mí me impactó mucho, sobre todo porque cada vez que yo las abrazaba (o veía cómo ellas solían hacerlo) era un ritual delicado debido a los 90 y tantos años que ya tenía cada una… Pero esa mañana se abrazaban con la energía de dos niñas jóvenes y lozanas a pesar de sus cuerpos que, ajenos a tanta vitalidad, amenazaban con desmoronarse.
Lloraban.
Ellas lloraban. Lloraban abrazadas. Lloraban y temblaban.
Las ayudé a ambas a sentarse una a cada lado de la mesa para que pudieran serenarse y charlar más tranquilas.
Ni bien se calmaron mi nonna María pasó de la emoción a la risa y la tía Josefina, su hermanita, la secundó. (Como dos niñas otra vez).
Mientras ponía algunos platos con cosas dulces en la mesa y les preparaba algo para tomar discutía con mi abuela que, al grito de «estoy vieja pero todavía no estoy ni senil ni inválida» reclamaba su “derecho” (sic.) de atender por sí misma a su hermana.
—¡Dejálo, María! ¡Dejá que te ayude, dejá que te cuide! —decía la tía Josefina con una vocecita que resultaba inaudible bajo las quejas de mi nonna.
—Nadie dice que estés imposibilitada, nonnita. Sólo queremos mimarte un poco tal y como vos nos mimaste siempre. ¡Y nadie te peleaba como vos nos peleás ahora! ¡Sólo nos dejábamos mimar! ¿por qué no hacés lo mismo? —le dije mientras pensaba que si estuviera Tomi ya le hubiera dicho «senil aún no, pero inválida: ¡casi!; ¡probá pararte y si te volvés a caer te llevo a internar y que vaya a cuidarte Magoya!». Pero, ¡claro!, él era el primero de los nietos y tenía una confianza y un vínculo tal con la abuela por el cual no había ningún otro de nosotros capaz de decirle las cosas de forma tan clara y directa.
—¿Está rico señoras? ¿Se les ofrece algo más? —pregunté erguido mientras me colgaba un repasador del antebrazo.
—¡Hacéte el loco ahora! Va via! Sei pazzo! —la nonna me miró con cariño y una sonrisa contenida que terminó en carcajada.
La tía Josefina, que había escuchado todo pero que ya estaba casi completamente ciega, tanteó el aire hasta que encontró una de mis manos y la tomó entre las suyas. Me tironeó suavemente y empezó a darme palmaditas en el antebrazo (del que cayó el repasador al piso), luego apoyó el dorso de mi mano sobre su mejilla y se acarició con ella al mismo momento que me la colmaba de besos. Yo me agaché instintivamente y la envolví en un abrazo. Ella sentada, yo de pie. Mi nonna sonreía y la voz de la tía se quebró:
—Pablito… vos siempre tan cariñoso… —y ¡otra vez! comenzó a llorar.
La nonna María, del otro lado de la mesa, se puso nerviosa e intentaba pararse (cosa que realmente no hubiera podido) y cuanto más y más yo abrazaba a la tía más se conmovía ella por lo que mis intentos de consuelo resultaban contraproducentes.
—Cosa succede? Paolito, cosa ha la mia sorella? —gritaba la nonna.
—María, este chico… Este chico, María… ¡Siempre tan cariñoso! ¡Por favor! —se quejaba la tía mientras lloraba bajito.
La abracé un poco más fuerte, tratando de no lastimarla pero sí que dejara de temblar y cuando miré a mi abuela la vi conmovida, emocionada y haciendo pucheros.
—Nonna, ¡por favor!, ¡ahora no te vas a poner a llorar vos!
—No, hijo mío. No —se sobresaltó con mi grito— No. No voy a llorar, hijo mío —y estalló su carcajada.
La tía Josefina aún temblaba, aún se sacudía, ¡pero de risa! ¡Ambas se reían!

Esa misma tarde mientras le pasaba la “posta” a mi primo Tomi y le contaba lo sucedido, él me miraba revoleando los ojos y negando con la cabeza mientras repetía y repetía «¡la que me espera los próximos días!». Cuando acabé con la tragicomedia él apuntó directo al meollo del ovillo:
—Bueno, ¡pero se vio con su hermana, después de tantos días! Y eso es muy importante para ambas. ¿Querían llorar? ¡Qué lloren! ¿Querían reírse? ¡Qué se rían! ¡Qué hagan lo que quieran! Lo único importante es que siempre las ayudemos a encontrarse.
No escuché aún hoy otro dictamen tan cierto, tan puntual y tan preciso.

No tengo para nada claro por qué escribo esto.
Pero lo cierto es que pienso que hoy, a los 97 años, viva aún, a 10.460 km de mí, mi abuela, mi nonna María, acaba de perder a su hermana y yo no tengo claro si algún día (y menos que menos cuándo) la volveré a abrazar…

Para ella debe de haber sido durísimo esta pérdida de hace tan sólo tres días… pero no sólo por perder un ser querido o un vínculo fraternal (cosa que ya es bastante) sino porque de su generación ya no queda nadie.
Ni en Italia, ni en Argentina.
Ni amigos, ni vecinos.
Ni familiares directos, ni familiares lejanos.
Ella es la única viva, hoy por hoy, de toda una generación.
No logro ni imaginarme eso.

Debe ser duro (pero a la vez extraño y natural) de sobrellevar.
Imagino que debe saber que su partida también está cerca porque somos mortales pero ni remotamente logro imaginar qué debe pensar o qué debe de sentir.

Entiendo que, con su hermana, se le ha ido también el último de los pilares fundacionales que la edificaron desde niña. Pero no logro intuir, ni remotamente, qué debe sentir ahora que las estructuras que la sostienen son las que ella construyó y no las que la construyeron a ella.

Sé que esos pilares, todos: los fundacionales y los que engendró, los lleva dentro. Sé que le afloran como bellos recuerdos de lo que ha vivido y que le significan y le significarán un sostén fundamental hasta el día en que, inevitablemente, al írsenos, se los lleve todos con ella.

A la memoria de

Giuseppa La Spina
Centuripe, 24-09-1926 – La Plata, 07-05-2021

a todos sus familiares
y, muy especialmente, a dos de sus nietas:
María Alejandra y Marcela Andrea

Canales de contacto:
Google: dererumnatura.art.blog@gmail.com
Instagram: https://www.instagram.com/dererumnatura.art.blog/

© 8071422021051121
HERMANAS

Barcelona, ☽ 10/05/2021 – ♂ 11/05/2021
Autor: Pablo Gato Toledo

Texto inspirado en las palabras de apoyo y sostén de Graciela Daniele.
Agradecimientos a: Emilio Tomás Arreche por el aporte de la imagen y por la corrección literaria.

Créditos de la Imagen
Autor: @tomdaspraias
Año: 2019
Título: HERMANAS
Instagram: https://www.instagram.com/tomdaspraias/

Letra y Música
Se sugiere maridar HERMANAS con Mamma son tanto felice de Cesare Andrea Bixio y Bixio Cherubini (1940).
Beniamino Gigli, OST Mamma (1941): https://www.youtube.com/watch?v=MfD6r2mGEfc

¡Gracias por leer!
¡Mantente al día para leer más entradas!
Suscríbete para recibir notificaciones cuando publique nuevo contenido.

10 comentarios en “HERMANAS

  1. Avatar de Josep M Farré
    Josep M Farré dice:

    Bon dia Pablo
    un bello texto.
    Fantàstic, ple de sentiments i de gran empatia amb aquestes dones grans.
    Una abraçada
    JM Farré
    ________________________________

    Me gusta

    1. Avatar de Pablo Gato Toledo
      Pablo Gato Toledo dice:

      Cadena de emociones Fuchi… Me emocionó vivirlo, me emocionó escribirlo… y me emociona ahora leer tu mensaje…
      ¡Es insólito como la urdiembre de la vida nos conecta!
      ¡Todavía recuerdo, justamente con emoción, todo un año entero, miércoles a miércoles siendo oyente de todas tus clases en el curso que el ciclo lectivo siguiente me cediste!
      ¡Gracias por tanto Fuchi!
      ¡Abrazo enorme desde el otro lado del charco!

      Me gusta

Deja un comentario