«Me dijeron tantas cosas.
— PEDRO ORGAMBIDE,
Tantas cosas me creí.
Que la vida era otra cosa.
Que no era una infeliz.»
SI YO FUERA COMO ELLAS.
LA ACTRIZ,
sentada en una silla ubicada en el fondo del escenario,
llora desconsoladamente mirando al público.
Viste una bata de toalla y un turbante, también de toalla.
Está descalza.
Su rostro, sucio, presenta un maquillaje que las lágrimas han corrido.
A su lado, y en diagonal, el marco de un espejo de pie de cuerpo entero.
Al otro, también en diagonal, un antiguo ropero de dos puertas
(el fondo del mismo ha sido desmontado y su interior está a la vista del público.
Varios vestidos están colgados en un orden pulcro y estricto).
LA ACTRIZ intenta hablar
pero el llanto se lo impide.
Revolea sus ojos hacia arriba,
vuelve a intentar hablar;
pero, el llanto, nuevamente, se lo impide.
Se tapa la cara con las manos
y las arrastra sobre el rostro.
Se presiona los labios con los dedos
para impedirse hablar.
Rompe en llantos.
Se para y se queda tildada mirándose los dedos de sus pies desnudos.
Cierra los ojos con fuerza.
Eleva su rostro al cielo y abre los ojos muy lentamente.
Respira hondo intentando contener las lágrimas.
Mira al frente con la mirada perdida,
se toma los fondillos de la bata de baño
como si fuera un vestido de alta costura
e improvisa un paso de baile.
Suelta la bata y eleva los brazos mientras hace el gesto de ponerse una tiara o una corona.
Se envalentona y, desafiante, le grita al público.
Se avergüenza de su exabrupto y se reprime.
Ladea su rostro para no ver al público
y sus ojos se encuentran con el espejo.
Vuelve a tomarse los fondillos de la bata de baño
y repite el paso de baile acercándose para verse en él.
Intenta sonreirle a su reflejo,
pero la mueca se transforma en un sollozo.
Cae al piso, de cuclillas y permanece allí,
llorando,
en posición fetal.
Toma valor y se mira fijo en el espejo
a medida que,
muy lentamente,
va poniéndose de pie.
Con la mirada clavada en su reflejo,
saca del bolsillo derecho de su bata una toallita húmeda
y comienza a limpiarse la mitad derecha del rostro.
Deja, por fin, de llorar y respira profundamente
a medida que sigue limpiando sobre lo limpio
hasta dejar impecable sólo la mitad de su cara.
Sosteniéndose la mirada
guarda la toallita húmeda en el bolsillo de su bata
y apoya la palma de su mano izquierda
sobre el marco del espejo del que se agarra con fuerza.
Repite el mismo gesto con la mano derecha.
Pasa un pie por dentro del marco del espejo
(descubriendo así al espectador que nunca hubo vidrio alguno)
y, con las manos aún asida al mismo,
pasa el otro pie y luego sus hombros.
Los movimientos lentos dan la impresión de que se saca una camisa
o de que eclosiona de una crisálida.
Finalmente,
con todo el cuerpo del otro lado,
abre sus manos y suelta el espejo.
Mira a un lado y a otro
como si estuviera en un mundo nuevo.
Con ímpetu exagerado gira 90º a su derecha
mostrando al público sólo la mitad izquierda del rostro
aún sucia de maquillaje y grita aterrada.
El miedo la lleva a girar 180º a lo que veía
y mostrar ahora sólo la mitad derecha de su rostro,
limpia e inmaculada.
Su mirada es, a la vez, tranquila y desafiante.
Con infinita lentitud gira 90º
quedando, nuevamente, de frente al público.
Grita indignada,
enojada,
todo en ella es exageración
y un desborde desmedido.
Su pasión la lleva a alzar los brazos con vehemencia
y, al bajarlos,
se golpea, con fuerza, el pecho
con su mano derecha a la altura del corazón.
El golpe le ha dolido mucho
y se lleva ambas manos al pecho
masajeando la zona lesionada.
Con la mirada perdida
y los ojos llenos de lágrimas
abre los brazos lentamente hasta que sus manos,
a sus espaldas,
se encuentran con el marco del espejo:
como en una filmación pasada en reversa
desanda los mismos movimientos
que hizo para atravesar el espejo
hasta volver a quedar en el mismo sitio
donde originalmente se encontraba.
Saca la toallita desmaquillante
del bolsillo de la bata
y, con la mirada clavada en sus propios ojos reflejados en el espejo,
se limpia la mitad izquierda del rostro.
Se mira. Se sonríe, ¡por fin!.
Se dirige al ropero.
Abre las puertas y abre también,
como si de una cortina se tratase,
el conjunto de vestidos colgados en las perchas.
Desde allí, espía al público.
Toma una percha,
mira el vestido y lo tira al piso.
Repite lo mismo con varias perchas.
Entra al armario
y se sienta con sus piernas colgando hacia el público.
Las mueve como si estuviera en una hamaca.
Se para adentro del ropero
y extiende sus brazos y sus piernas
que tienen que doblarse por lo estrecho del espacio.
Enfatiza lo estrecho del espacio explicando
-sólo con sus gestos-
que su cuerpo está prisionero
en un cubículo tan diminuto.
Sus movimientos se ralentizan
y comienza a erguirse
plena y vertical
(vemos entonces que, en realidad, el ropero no tiene techo)
y su busto sobresale por sobre el armario.
Mira al público desafiante,
se abre la bata y la deja caer
quedando vestida sólo con un conjunto básico de ropa interior.
Se pone un vestido imponente
que se prende por delante.
Se baja de la estructura frente al público
y, lentamente,
se quita el turbante
dejando caer sus cabellos largos y enrulados.
Mira al público tranquila, calma, resuelta, decidida, plena.
La luz se diluye sobre la silla,
sobre el marco del espejo
y sobre el ropero
a medida que se intensifica sobre ella.
Con elegancia,
con sencillez
e imponencia
se toma los fondillos del vestido
y hace una mínima reverencia.
CAE EL TELÓN
«Si pudiera, si me atrevo
— PEDRO ORGAMBIDE,,
a ser lo que sueño yo,
no tendré más esta pena
de ser sólo lo que soy.»
SI YO FUERA COMO ELLAS.
A totes les dones del
Casal de Gent Gran Turó de la Peira:
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a la Glòria i a y a l´Alba Lucía
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© 8071422021092451
DIDASCALIAS
Barcelona, ♀ 24/09/2021
Autor: Pablo Gato Toledo
Textos inspirado en la canción «Si yo fuera como ellas» de Alberto Favero y Pedro Orgambide.
Agradecimientos: a Patrick Caradec por su análisis y asesoramiento acerca del contenido de este blog en general y por desafiarme a escribir un texto como éste en particular, a Antonella Loccisano por ser primera destinataria de estas líneas y a Emilio Tomás Arreche por el aporte de la imagen.
Créditos de la Imagen
Autor: @tomdaspraias
Año: 2019
Título: Mirada
Instagram: https://www.instagram.com/tomdaspraias/
Letra y Música
Se sugiere maridar DIDASCALIAS con Si yo fuera como ellas de de Alberto Favero y Pedro Orgambide.
Eva, el gran musical argentino. (1986). Nacha Guevara. Eva. CBS. [1986]
A continuación les comparto tres versiones:
Versión en estudio: https://www.youtube.com/watch?v=oNFZDavh-FE
Versión en vivo: https://www.youtube.com/watch?v=1werNL6giG4
Versión de Elena Roger: https://www.youtube.com/watch?v=L8B1AHfBfVI
¡Gracias por leer!
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Pablito querido, acabo de leer el texto/actuación… me encantó… Recorrí el escenario imaginario junto con ella… (y con vos). Precioso, misterioso… seguir con ella todos sus movimientos y sensaciones.
Gracias!
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Qué hermoso comentario, Majito: recorrer el escenario con ella y conmigo.
Gracias por conectar, por congeniar, por compartir esta amistad tan bella.
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