5 HABITACIONES, 2 BAÑOS

«La religión está en el corazón
y no en las rodillas.»

— Douglas W. Jerrold

Anoche sólo cuatro de nosotros nos sentamos a cenar.
El día anterior la pareja de la habitación 2 se había mudado a otra ciudad dejando la habitación vacía y los muchachos de las habitaciones 3 y 4 estaban haciendo parte de la mudanza en ese momento ya que dejarían la casa dentro de dos días.

El señor de la habitación 1 cocinaba para todos; yo, habitación 5, ponía la mesa y servía las bebidas; el muchacho de la futura habitación 4 (y que transitoriamente se estaba quedando en la 2) nos miraba medio perdido sin saber qué hacer (estaba recién llegado al país y quizás también aún afectado por el viaje y el jet-lag); y, finalmente, el flaco que se alojaría en la habitación 3 había venido a dejar parte de sus cosas en la casa a la espera de mudarse con nosotros dos días mediantes.

Sentados a la mesa el primer tema de conversación (un clásico, ya casi un ritual) fue, como cada vez que alguien nuevo llegaba a nuestras vidas, aprender la pronunciación lo más precisa posible de cada nombre: en definitiva, no hay otro primer gesto más respetuoso.

A mi derecha un nombre de origen arameo, enfrente uno de raíces rumanas, a mi izquierda el procedente del italiano y el mío, del castellano.

Esta vez nos resultó más fácil que con otros antiguos moradores. Y además, de yapa, en los intentos fallidos, nos fuimos conociendo las risas.

Las dificultades siempre residen en que nuestras lenguas maternas no tienen ni las mismas vocales ni semivocales, con lo cual, la pronunciación de algunas palabras no siempre resulta muy sencilla. Sumado a eso, ninguno de los cuatro estaba hablando su propio idioma porque el lenguaje vehicular dentro de esta casa ha sido siempre el inglés.

Todo en nosotros era diferente. La pluralidad que había en edades, culturas, idiomas, ascendencias, trabajos, estudios, nivel de estudios, religiones, creencias, orientaciones sexoafectivas, rasgos faciales, estaturas, contexturas… era total. Parecía que nos habían seleccionado en un casting muy arduo para que ninguno tuviera nada de nada en común con los otros. Sin embargo, lo que sí era común y habitual era la situación: por la casa, sentados a esa mesa, habían desfilado siempre inquilinos provenientes de todas las geografías y todas las culturas.

El segundo tópico (también un clásico: una necesidad) fue, como siempre, las preguntas recurrentes acerca de si alguno de los alimentos contenía cerdo; también, como siempre, ante la negativa, escuchar interrogar en detalle si alguna de las preparaciones incluían algo fabricado a base de él (jamón, panceta, si la cocción estaba hecha en grasa porcina… etc.).

La dieta también nos diferenciaba. Y ésta, a su vez, era consecuencia de creencias religiosas. Éramos un agnóstico, un judío secular sefardí, un ateo y un cristiano semipracticante.

Obviamente la charla derivó en nuestros credos.

El psicólogo cognitivo, que durante años había ocupado la cátedra de teología comparada en la universidad de su ciudad nos explicó las bases del cristianismo y la razones históricas, sociales, económicas y geopolíticas de por qué éste se desmembró de una rama del judaísmo (o al menos eso es lo que yo creí entender. ¡Aún me sigue costando el inglés!).

El estudiante, uno de los más jóvenes de la reunión, lo escuchaba extasiado y no paraba de hacer preguntas. El soldado en cambio se había cruzado de brazos y se había echado hacia atrás, entrecerrando los ojos y evaluando la nueva información. Cuando se hizo un silencio declaró: «Pero entonces… ¡todo fue una estrategia militar!»

El teólogo reflexionó en silencio unos instantes y contestó: «Bueno… A ver… no exactamente, pero podría decirse que sí…»

Yo me había perdido en una metacognición de la situación admirado de cómo cada uno de nosotros interpretaba la realidad atrapado en su propia burbuja. Y, desde la mía, totalmente compenetrado en mi formación, me preguntaba si aquél mecanismo mediante el cual una religión había eclosionado de otra para luego diferenciarse de ésta tendría o no su equivalente en algún tipo de proceso de reproducción biológica… o quizás en algún mecanismo químico de descomposición… o incluso, más íntimo aún, en algún proceso cuántico mediante el cual algunas partículas se desintegran dando origen a otras.



«Hereje no es el que arde en la hoguera.
Hereje es el que la enciende.»

— William Shakespeare

To all my roommates from the Comte d’Urgell street.

And, especially, to Joseph, Marcos and Valmar.

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© 8071422021100521
5 HABITACIONES, 2 BAÑOS

Barcelona, ☽ 04/10/2021 – ♂ 05/10/2021
Autor: Pablo Gato Toledo

Texto inspirado en mis compañeros del piso de la calle Comte d’Urgell.
Agradecimientos a: Tomás Arreche por el aporte de la imagen y por la corrección literaria.

Créditos de la Imagen
Autor: @tomdaspraias
Año: 2018
Título: INCLUSIÓN
Instagram: https://www.instagram.com/tomdaspraias/

Letra y Música
Se sugiere maridar 5 HABITACIONES, 2 BAÑOS con One of Us de Joan Osborne,
One of Us, Eric Bazilian, Joan Osborne (1995). One of Us, Blue Gorilla / Mercury. [1995]
Versión original, canal oficial de Joan Osborne: https://www.youtube.com/watch?v=aDdOnl0bHO4

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8 comentarios en “5 HABITACIONES, 2 BAÑOS

  1. Avatar de marcelavarcasia
    marcelavarcasia dice:

    Y llegó otro texto, diferente, singular, mas light, no , diferente, con otros matices que enriquecen cada texto leído. Puede gustar más, menos , pero es indiscutible que, por lo menos para mi, me mantiene expectante esperando el siguiente. hasta pronto

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