Luego de varios intentos descubrió que la técnica perfecta consistía en meter más profundo la pierna en el agua podrida, sacudirla con fuerza y sacarla con violencia
Solo así conseguiría que saliera libre de verdín, hojas, ramas e insectos muertos que sobrenadaban esa pileta toda rajada que papá tantas veces había arreglado y siempre el sol volvía a fracturar.
Seguía boca abajo, con el pecho pegado al cemento, una pierna doblada apuntaba al cielo buscando no mojarse; la cabeza y los brazos, hacia el lado opuesto, caían al vacío para compensar su peso en esa extraña posición; por momentos su nariz rozaba alguna hebra de pasto algo crecido pero su concentración estaba toda abocada a liberarse de esa gelatina verde que olía a difunto.
Era demasiado alto para su corta edad y era mucho, muchísimo más flaco aún, por lo cual su motricidad no era muy óptima. No obstante de un solo envión logró empujarse con los brazos, sacar la pierna de la podredumbre y afirmar los dos pies en la pequeña cornisa descascarada; demasiada proeza para un solo envión por lo que, en consecuencia, la posición de caderas y hombros quedó descompensada y por unos segundos osciló entre el peso de sus ancas que lo hundirían en ese mar denso de todas las miserias, y, por otro lado, el peso de sus hombros que lo haría caer más de frente que de narices sobre la tierra seca que rodeaba al ceibo, allí donde el pasto nunca crecía.
El tiempo se detuvo y él no tenía claro hacia dónde iba a caer pero cuando vio que uno de los perros, aún alterado, se estiraba para olerlo, como buscando algo de contención, logró hacer una mínima maniobra que lo hizo trastabillar directamente sobre el animal. Oyó un aullido que era más de miedo que de dolor y se encontró con la rodilla izquierda sobre el cemento, la otra en el aire por fuera de la pileta, el pecho sobre el lomo del animal y la mano derecha asida fuertemente a una de las orejas de ese bendito perro del demonio que no paraba de aullar.
Con la lengua del animal lamiéndole todo el rostro, los aullidos secos musicalizándole sus peripecias y esa respiración entrecortada que entre lambida y lambida, y entre ladrido y ladrido, lo amenazaba en un primerísimo primer plano, mi hermanito, sin soltar la oreja del bicho, logró poner su otra rodilla en la cornisa.
Ya de pie, comenzó a presionar el pantalón contra su pierna y vio como el agua verduzca iba formando una isla pantanosa alrededor de sus pies. Bajó con sus manos de la rodilla al tobillo varias veces mientras que la cantidad de líquido parecía multiplicarse en las fibras de la tela más que irse escurriendo.
La zapatilla representaba un problema complejo porque si bien es cierto que sería más fácil escurrirla si se la sacaba entendió que esa no era una opción posible porque luego no sabría cómo atarse los cordones. Por eso comenzó a caminar por el borde de la piscina dejando el dibujito de su suela de parquet en cada pisada. Tras una vuelta completa lo único que había conseguido era mojar toda la superficie sobre la que pisó sin que su pie escurriera. Ahí entendió que su problema no era la zapatilla sino, dentro de ella, la media, creo que fue quizás en ese momento que aprendió que no todos los materiales tienen el mismo coeficiente de absorción.
Se sentó en el único rinconcito seco, las piernas colgando hacia afuera y comenzó a hamacarlas sintiendo el viento sofocante de ese verano que ya en pocos días se avecinaba.
Se aburrió inmediatamente de esa extremidad que no paraba de gotear y bajó para alejarse de la sombra del ceibo e intentar secarse al sol. Se paró a metros del limonero en una fracción del terreno que ningún árbol protegía y la luz lo encegueció, instintivamente giró sobre sus talones buscando con la mirada la sombra desde la cual provenía y fue entonces que volvió a ver, al final de ese reguero de agua putrefacta que en su caminar había ido dejando, las piernas deformes de ese bulto desparramado que alguna vez fue su madre, piezas visibles de un cadáver del cual ya se había olvidado.
«Hello darkness, my old friend,
— SIMON AND GARFUNKEL,
I’ve come to talk with you again
because a vision softly creeping
left its seeds while I was sleeping.
And the vision that was planted in my brain
still remains
within the sound of silence.»
THE SOUNDS OF SILENCE
Continuará, el mes próximo, en
EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 5
A mi madre.
Por enseñarme a escribir.
Por condenarme a escribir.
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EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 4
Buenos Aires, ☉ 24/09/2017 – Barcelona, ☉ 17/06/2018
Autor: Pablo Gato Toledo
Secuencia de textos inspirados en el capítulo 6 de la temporada 1 de la serie Rick and Morty: Rick Potion #9.
Agradecimientos a: Marcela Varcasia por la corrección literaria.
Créditos de la Imagen
Autor: John Everett Millais
Año: 1851-1852
Título: OFELIA
Ubicación: Tate Britain Museum, Londres, Reino Unido.
Letra y Música
Se sugiere maridar EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 4 con The Sounds of Silence de Simon and Garfunkel.
The Sounds of Silence, Simon and Garfunkel (1964). Simon and Garfunkel, Wednesday Morning, 3 A.M. Columbia Records. [1964]
A continuación les comparto dos versiones:
Versión de Disturbed: https: https://www.youtube.com/watch?v=u9Dg-g7t2l4
Versión original, Simon & Garfunkel: https://www.youtube.com/watch?v=l0q7MLPo-u8
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