El cadáver del rosal seco y las piernas de ese objeto tan extraño con forma de mamá le impedían el paso para acercarse al rostro de la difunta progenitora
Colocó el pie mojado lo más cerca que pudo de las ramas caídas del rosal y se apoyó en la pared de la pieza del fondo para intentar pasar el otro pie por sobre esas ramas secas y llenas de espinas pero comprendió que era aún muy pequeño para lograr una proeza así y salir indemne.
Miró al pecho de mamá detrás del cual se escondía el rostro al que no accedía a ver desde donde él se encontraba. Desde allí, parecía el busto de alguien que dormía plácidamente, pero la extraña posición de las piernas contrastaba con la calma de esos senos delatando de forma inocultable lo sucedido.
Tomó aire, caminó con pequeños pasos cortos hasta colocar el pie mojado a unos milímetros de ese cuerpo sin vida –muy cerca del punto donde el pie izquierdo de mamá se unía al gemelo derecho formando una figura que sólo había visto en bailarinas de ballet–, elevó sus dos bracitos al cielo para buscar equilibrio y de un solo paso logró poner el otro pie del otro lado.
Por un instante vio desde su escasa altura que sus dos piernas formaban un puente por sobre las de su madre, que ya no parecían las de una bailarina, si no las líneas férreas de un tren en un punto de desvío.
Soltó el aire y finalizó su cometido porque luego de esa maniobra tan compleja pasar, de un solo salto, el pie que le había quedado del otro lado del cadáver le pareció una nimiedad.
Delante de sus ojos: los ladrillos a la vista de la pared del fondo. El corazón le latía muy fuerte y sentía que su respiración estaba cambiando.
Sobre la pared del fondo: el gato, sentado, en actitud de alerta.
Al pie de ésta, a su izquierda: el secretario echado delante de la puerta del galponcito de papá; y a la derecha: el arbusto de flores amarillas.
A sus espaldas: el cadáver de mamá que su campo visual ahora ocultaba pero que vería en su totalidad, rostro incluido, con sólo girar unos pocos grados.
Cerró los ojos, dio media vuelta, y elevó su rostro hasta sentir en sus párpados ensombrecidos la luz del sol.
Al abrirlos la claridad del cielo lo reconfortó. Lentamente movió su cabeza hasta ver la antena del televisor, y al pie de ésta el tanque de agua, delante de ellos las tejas rojas, detrás de las ramas del ceibo, caían hacia la derecha; y a la izquierda la membrana plateada relucía al sol sobre la parte nueva de la casa construida unos pocos años antes de que nuestros padres la compraran. Era linda esa imagen. No vio nada extraño. Ni a nadie.
Por debajo de las tejas, la pared blanca –también agrietada– y la ventana de su cuarto, el que compartía con mi otro hermano, el del medio. Al pie de esa ventana, el patio de cemento con el motor de la bomba de agua tapada por un ataúd metálico. Tampoco allí vio nada extraño. Ni a nadie.
A continuación, el jardín –“el patio de pasto, no de pared” tal como él lo solía llamar en aquella época, justamente– y en el medio de éste la pileta de aguas eternamente podridas, aquella en la cual nos habíamos bañado los primeros veranos luego de mudarnos cuando papá insistía aún en que era posible repararla.
Fue recién cuando bajó sus ojos desde el borde de cemento de la pileta, allí desde donde las dos pequeñas gatas lo miraban, hacia ese objeto vestido de madre que se hallaba entre la piscina y sus pies que vio por primera vez el rostro completo para poder confirmar y aseverar, ya sin atisbos de dudas –que en realidad jamás había tenido– lo que siempre había sabido: que los restos esos alguna vez fueron algo similar a una madre que ahora, a diferencia de tantas otras veces, por fin y para siempre, y de forma irreversible y definitiva, ya había perdido.
«And I know
— PER GESSLE, ROXETTE,
when I gaze to the sun,
no place to hide
I got nowhere to run from you,
away from you.»
THINGS WILL NEVER BE THE SAME
Continuará, el mes próximo, en
EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 7
A mi madre.
Por enseñarme a escribir.
Por condenarme a escribir.
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EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 6
Buenos Aires, ☉ 24/09/2017 – Barcelona, ☉ 17/06/2018
Autor: Pablo Gato Toledo
Secuencia de textos inspirados en el capítulo 6 de la temporada 1 de la serie Rick and Morty: Rick Potion #9.
Agradecimientos a: Marcela Varcasia por la corrección literaria.
Créditos de la Imagen
Autor: John Everett Millais
Año: 1851-1852
Título: OFELIA
Ubicación: Tate Britain Museum, Londres, Reino Unido.
Letra y Música
Se sugiere maridar EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 6 con Things Will Never Be the Same de Roxette.
Things Will Never Be the Same, Per Gessle (1991). Roxette, Joyride, EMI Music. [1991]
Official Audio Music (Canal oficial de Roxette): https://www.youtube.com/watch?v=z90mwqX5Tus
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