GATO POR LIEBRE

«He came from where the winds are cold
And truth is seen through keyholes
Strange longings never sleep
Now he’s come where no hearts beat»

— PAUL WAAKTAAR & MAGNE FURUHOLMEN, A-HA,
CRY WOLF

Despertó a media mañana
en un claro del bosque,
mal dormido
y aún cansado.

Agotado.
Hastiado.
Enajenado.

Era evidente que alguien acababa de abrir el libro y era menester, ahora, interpretarlo.

Extrañaba el esplendor de aquella vida pasada donde las noches eternas se traducían en la épica de aventuras salvajes, inhumanas, revitalizantes.
Por el contrario, ahora, destinado a ejecutar diariamente una serie de tareas ridículas con tintes culpógenos, moralistas y adoctrinantes hacía que su existencia le parezca una sobrevida deprimente y menesterosa.
Quien sea que estuviera leyendo avanzaba tan pero tan lento que le resultaba desesperante. ¡Qué fastidio! ¡Qué vida sin sentido!

Echó sus cálculos y concluyó que la historia aún debería estar muy cruda. ¡Este endemoniado infante no podía articular dos sílabas seguidas! y, de continuar así, todo el maldito día se le iría, completo, en representar su condenado papel execrable.
Tenía tiempo de sobra, seguramente la madre de la protagonista aún estaría ocupándose de acomodar los víveres dentro de la canastita, así que aprovechó para bajar a la vera del río a beber algo de agua.
Al llegar divisó a lo lejos, en el horizonte, más allá de los confines del bosque a todas aquellas bestias que habían sido sus compañeros de manada en sus tiempos de gloria.
Un suspiro ahogado se desangró en su pecho y una lágrima alimentó las aguas del río en las que estaba abrevando.

Ya de vuelta a su puesto, tuvo que esperar más de media hora a que el lectorcito ignorante llegara a sus líneas. Y, como el cansancio y el hastío eran inconmensurables, cuando por fin apareció Caperucita la miró con desgano, se echó en el pasto, contempló el cielo y se quedó callado.

—Deberías preguntarme qué es lo que hago solita en el medio del bosque con mi canastita —indicó la mocosa impertinente con aires de superada.

La miró con el más estricto de los desintereses; esa cría pedante era tan insoportable que sólo asco era capaz de provocarle. ¿No se supone que deberían haber escogido a una dulce y cándida niña encantadora para que él encarnara la bajeza moral y los instintos más viscerales y sanguinarios? Sin embargo, y a las claras, él era en definitiva un bicho más responsable y empático que ese engendro patético de hembra de cría humana.

—Voy al otro lado del bosque a casa de mi abuelita que está enfermita y que espera la comidita que le envía mi madrecita.

Él, que ni la miraba, se desperezó, proyectó un bostezo prolongado que culminó en aullido y finalmente sentenció:

—Hoy, nena, diálogos cortos. Porque con lo lento que nos están leyendo esto se va a estirar hasta que seas tan vieja como tu abuela.

Y, sin esperar respuesta se encaminó a cumplir sus próximas funciones que consistían en devorarse, una vez más, de cuerpo entero, a una ancianita esclerótica bastante decrépita.

Indignada era poco.
¿Qué se había creído ese lobizucho flaco de mala muerte? ¿Cómo se atrevía a hablarle así a ella, la protagonista indiscutible de esta entrañable historia? ¿Quién se pensaba que era esa mísera bestia ajada y repelente? ¡Ya se lo cobraría bien pagado dentro de un rato cuando el leñador lo destripara para recuperar, nuevamente, a su abuelita bienamada!

Por ello, luego de golpear y golpear la puerta sin que nadie contestara, maldijo una vez más la parquedad de palabras con las que el canis lupus no se expresaba hoy y, en un arrebato de cólera, le pegó un grito de rabia:

—¡Te toca preguntarme si soy Caperucita! ¡Y que me digas que la puerta está abierta!

Pero, al no recibir respuesta, irritadísima, la abrió de una patada: adentro, él, extendido cómodamente sobre la alfombra se masticaba, aún, lentamente, los restos de las entrañas. Las paredes y el piso, salpicados de sangre. Y, los ojos del bicho, tranquilos, mansos, relajados.

—¡¿Qué hiciste?!, ¡¿Qué hiciste pedazo de alimaña?!

Él se irguió y con un gruñido la acorraló en una esquina de la habitación mientras cerraba la puerta con la traba. Y ella, por un instante tembló de miedo, pero sólo por un momento nomás porque de forma casi sincrónica la voz del leñador se oyó al otro lado de la puerta. Entonces, la mueca arrogante y obscena volvió a dibujarse en el semblante soberbio de esa asquerosa borrega desagradable.

Sin embargo, a medida que los gritos del leñador se iban desgarrando bajo el filo de los colmillos de todo el resto de la manada la cara de espanto finalmente se cincelaba en ese rostro desencajado que ahora veía como él, con suma elegancia, permitía el ingreso de todas esas bestias depredadoras que, jadeantes, se le acercaban.



«You can start, but you cannot stop
You give in, but you can’t give up
You can tell all your desperate jokes
To a world that puts your love on hold»

— PAUL WAAKTAAR & MAGNE FURUHOLMEN, A-HA,
CRY WOLF

A Tomi y Mariana,
con quienes,
ataviados en nuestros vestuarios
extraídos de viejos baúles italianos llegados por barco,
interpretábamos los personajes de los Musicuentos,
en la habitación de los abuelos,
al ritmo del tocadiscos…

Canales de contacto:
Google: dererumnatura.art.blog@gmail.com
Instagram: https://www.instagram.com/dererumnatura.art.blog/

© 8071422023100541
GATO POR LIEBRE

Barcelona, ♃ 05/10/2023
Autor: Pablo Gato Toledo

Texto inspirado en el Escritubre 2023.
Agradecimientos a: Emilio Tomás Arreche por el aporte de la imagen.

Créditos de la Imagen
Autor: @tomdaspraias
Año: 2021
Título: GATO POR LIEBRE
Instagram: https://www.instagram.com/tomdaspraias/

Letra y Música
Se sugiere maridar GATO POR LIEBRE con Cry Wolf de A-Ha.
Cry Wolf, (1986). Scoundrel Days, Warner Bros. Records [1986]
Cry Wolf (2016 Remaster): https://www.youtube.com/watch?v=DDJiay-YMDQ

¡Gracias por leer!
¡Mantente al día para leer más entradas!
Suscríbete para recibir notificaciones cuando publique nuevo contenido.

Un comentario en “GATO POR LIEBRE

Deja un comentario