EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 12

Se volteó y corroboró una vez más que la llave hubiera accionado la cerradura que un instante antes había echado a esa puerta que siempre se abría a primeras horas de la mañana cuando papá se levantaba y que todas las noches cerraba mamá en sus últimos instantes cuando se iba a dormir; no fue recién hasta que, sosegado y estoico, volvió a girar que se encontró a sus pies el charco redondo y gigante de orín inundando todo el piso de la cocina

EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 10

Aunque la muerta se veía como una reproducción fidedigna de la fisonomía de mamá tal y como él la conocía lo que lo desconcertaba era el olor del pasto, el aroma a barro y la fragancia de las flores amarillas del arbusto a sus espaldas; tampoco tenían sentido los quejidos quedos y silenciosos del secretario a sus pies y de las gatas sobre el borde azul descascarado de la piscina: nada de todo eso ni olía ni se escuchaba como la idea de la muerte que siempre había tenido

EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 9

A medida que mi hermanito abría los ojos y las palmas de sus manos recorrían su cuerpito buscando evadirse en los bolsillos del pantalón la imagen que lo había ubicado en tiempo y espacio volvía a ser reemplazada, nuevamente, por esa mueca de espanto que se había apresado de aquel rostro, ahora desdibujado, con cierto aire de semejanza a la cara de mamá

EL CADÁVER DE MAMÁ – Capítulo 5

Una de las rajaduras estructurales nacía, como una raíz, del lateral izquierdo de la pileta y zigzagueaba de forma creciente hacia el fondo de la casa, a esa hora de la mañana la sombra de la única rama seca que tenía el ceibo –y que papá hacía siglos que ‘ya estaba por podar’– encastraba de forma milimétrica en esa ranura