«PAPÁ»

¡Yo soy la Revolución francesa!
Soy, para mi padre biológico, lo que la Revolución es para mi madre:
una exacerbación sangrienta de injusticias legalizadas como contraposición a otras injusticias mucho mayores que pretendían desterrarse;
todo ello adornado con los valores más bellos y las palabras más dulces que se puedan ostentar.

«Los árboles que tardan en crecer llevan la mejor fruta

— MOLIÈRE
(JEAN-BAPTISTE POQUELIN)

Se me ocurre que en el proceso de adquisición del habla el coco funciona antes que la sin huesos.
Sería ilógico pensar que la vocalización ocurre por obra divina y no como el último paso de una intrincada cadena de producción.

Al igual que el ensamblado de un auto en la Ford o una hamburguesa en Burger King estimo que la pobre criatura primero pone en marcha la escucha para luego dar paso al entendimiento y por último tras soldar los miles de cables necesarios inaugurar una vocalización racional que le permita lanzar palabras coherentes tales como «A ver si se dejan de romperme un poco las pelotas y me dan algo de paz que ya voy a empezar a hablar cuando pueda».

Dentro de ese contexto no es de extrañar que vocablos tales como «papá», «mamá» o “sea-cual-sea-el-nombre-de-algún/a-hermano/a-mayor” nazcan con la misma naturalidad que «pan», «pis», u «otorrinolaringólogo». Lo que intento decir es que dudo que ningún bebé tenga mucha noción de cuál es la carga emocional y/o afectiva que puede implicar el uso de algunas palabras. Pienso que en esa cadena de producción del habla, una vez que la comunicación está establecida y aceitada, llega un momento en el que la criaturita comienza a vislumbrar que algunas expresiones funcionan mejor que otras para tocarnos el corazoncito y conseguir más fácilmente aquello que nos solicitan. Frases tales como «Abuelita de mi alma, ¿serías capaz de negarle un poquitito más de helado a esta nieta que tanto te ama?» aportan un beneplácito de helado-ilimitado-hasta-los-40 o hasta la muerte de la abuela (“lo que ocurra primero” versa la letra chica del contrato).

Resulta evidente entonces que “el primer «papá»” salido de la boca del borrego será un evento magnífico e inolvidable sólo para dicho padre pero no para el cordero en cuestión (u oveja, o lo que sea que sea). Por el contrario, no es sólo que el infante no tiene aún una edad el la que pueda recordar nada de nada sino que además “ese primer «papá»” no representa para la criatura nada más importante ni más dulce ni más agraciado que decir «sí» o «no» o «caca» o «neurofibromatosis».

Por el contrario, muy por el contrario, la realidad es absolutamente distinta para quienes no fuimos criados por nuestro/s progenitor/es. Para aquellos que conocimos a nuestros padres luego de haber adquirido el habla y conociendo ya la carga emocional que encierran las palabras “el primer «papá»” es una elección voluntaria. Es una frase infinitamente pensada y repensada. No importa si es dicha con titubeos, no importa si se nos escapa de los labios casi sin darnos cuenta, no importa se dice con un tono desafiante y clavando la mirada, no importa si se te desgarra de la boca a los gritos mientras se te caen las lágrimas… en todos los casos es una frase que esconde horas y horas de meditación y cavilaciones por detrás; y, generalmente, cientos de ensayos con otros actores de nuestro círculo social con quienes nos hemos acostumbrado a hablar de “nuestro papá” mucho antes de usar esa palabra para referirnos a él en forma directa y en su presencia.

En este sentido la importancia del “primer «papá»” cobra una dimensión que ya no es sólo significativa para el padre. Esa situación, que es doblemente épica, perdurará inamovible de la memoria de ambos. Y, a diferencia de lo que ocurre con los bebés, hay fundamentaciones de todo tipo que sustentan la elección de esa “nueva” palabra en vez de aquellas que se venían usando hasta ese entonces.

Han pasado años, han pasado décadas y aún puedo recordar con detalle (y con emoción) las-muchas-primeras-veces que llamé «papá» a mi padre como así también cuándo fue la última vez que usé esa palabra para referirme a mi progenitor.

«Mendel fue el primero en captar la naturaleza dual de los organismos,
su dicotomía entre su genotipo y fenotipo.
Lo esencial del mendelismo fue el percatarse de la ruptura,
nunca antes clara,
entre el proceso de herencia y el proceso de desarrollo.»

— RICHARD CHARLES “DICK” LEWONTIN

A mi padre,

Raúl Omar Fuertes.

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© 8071422021032061
«PAPÁ»
Barcelona, ♄ 20/03/2021
Autor: Pablo Gato Toledo

Texto inspirado en mi padre, Raúl Omar Fuertes.
Agradecimientos a: Emilio Tomás Arreche por la corrección literaria.

Créditos de la Imagen
Autor: Michelangelo Buonarroti
Año: 1511
Título: LA CREACIÓN DE ADÁN (Fragmento)
Ubicación: Capilla Sixtina, Roma, Ciudad del Vaticano

Letra y Música
Se sugiere maridar «PAPÁ» con Caro babbo de Marco Masini,
1990 SONY BMG MUSIC ENTERTAINMENT (Italy) S.p.A. Released on: 1990-05-01
Lyricist: Giancarlo Bigazzi. Composer, Lyricist: Giuseppe Dati. Performance Arranger, Project Coordinator: Marco Falagiani.
A continuación les comparto dos versiones,
Versión en estudio: https://www.youtube.com/watch?v=cH_pIa2C5bQ
Versión en vivo: https://www.youtube.com/watch?v=sJMjv7pFS-8

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2 comentarios en “«PAPÁ»

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