Doce trimestres exitosos y cinco días de tristeza.
Prepararse para los exámenes finales no deja ni un ápice de tiempo para vislumbrar qué pasará el día siguiente después de rendir.
Se llega ciego y desnudo.
La visión y la previsibilidad sólo se desarrollan hasta el día del último examen.
Todo comienza con la auto promesa desmedida (e imposible) de estudiar todo el temario.
Luego la ambición, también ilógica, de, al menos, abarcar los temas más importantes.
Seguidamente la desesperación de leer sin orden y sin rumbo; y, a continuación la aceptación de la estrategia desesperada de resolver mecánicamente exámenes modelos.
Luego, los temores: el miedo individual, la desestabilización personal; y, casi inmediatamente, el pánico colectivo.
Entonces, a partir de allí, comienzan las eternas noches sin dormir y los interminables días de mal comer.
La vida es sólo una reacción mecánica: leer, resumir y estudiar.
Al trabajo se va en piloto automático y las tareas se realizan con éxitos residuales de glorias y famas pasadas. La inoperancia se disimula y todas las urgencias son aplazadas hasta después de las mesas examinadoras.
Y de pronto, cuando menos preparados nos encontramos empiezan los días de exámenes y el colapso se precipita: la tensión, los nervios y las lágrimas son las mismas a los doce, a los dieciocho, a los veintitantos o pasados los cincuenta.
Rendir exámenes es siempre la misma mierda; y rendir exámenes finales es siempre la remismísima mierda.
Y llega un instante en el que todo está hecho.
Un día, una hora, un momento… al entrar al aula… la vida era un martirio… y luego, ciento veinte minutos más tarde… al salir a la calle… años y años de estudio y esfuerzo se cristalizan en esta extraña sensación en la que se nos apiña en la garganta toda la puta vida que la produce… y que la precede.
Pero eso no lo es todo porque queda ahora una semana entera de incertidumbre y esperar los resultados.
Ya no hay nada más que se pueda hacer y por eso: la imposibilidad de hacer nada. Nada de nada.
Una espera que es un limbo, un jet lag interminable.
Sólo esperar. Esperar y esperar. Esperar por unas notas que, finalmente, son buenas; y entonces, otra avalancha: los festejos.
Agasajos, brindis, cantos y despedidas. Exteriorizaciones, fiestas y gestas.
Amigos borrachos y colegas despreocupados. Educadores y familia, generosidad y gratitud.
Abrazos. Besos. Cariños. Deseos y esperanzas y felicidad y gritos. Miles de gritos de júbilo.
Los festejos justos, responsables y moderados; y también las celebraciones apasionadas, desenfrenadas y desmedidas.
Y, finalmente, después de todo eso, en la soledad del cuarto, en el silencio de la calma, en los huecos del alma, encontrar nuevamente el vacío de esta madre muerta: enfrentar el dolor despiadado de tener una buena nueva, una primicia trascendente para compartir y que ya no estés para contarte.
A mis tres queridas profesoras:
Lourdes Cayetano,
Mercè Espuny i Pujol,
y Eva Fajula Esturi.
¡Gracias por todos estos años de enseñanzas y aprendizajes!
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© 8071422024032951
GLORIAS NUEVAS QUE YA NUNCA VERÁS
Barcelona, ♀ 29/03/2024
Autor: Pablo Gato Toledo
Texto inspirado en eternas charlas con Andreu…
Agradecimientos a: Andreu Quintana, por alentarme a escribir, por subordinarme a escribir, por someterme a escribir, por brindarme nuevos y dulces motivos para dedicarme a escribir.
Créditos de la Imagen
Autor: Pablo Gato Toledo
Año: 2024
Título: C1
Letra y Música
Se sugiere maridar GLORIAS NUEVAS QUE YA NUNCA VERÁS con De vez en cuando la vida de Joan Manuel Serrat.
De vez en cuando la vida, (1983). Cada loco con su tema. Ariola Records [1983]
De Vez en Cuando la Vida: https://www.youtube.com/watch?v=5a2DH4SN8Cs
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Felicitats
Molt concís i molt expressiu el teu testimoni d’una examne
Una abraçada
JM
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Moltes gràcies, Josep Maria!
😃
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